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Lipotimias Delicatessen

Eulogia, desmayadora profesional

Eulogia era una desmayadora profesional. Eulogia tenía en su nómina un plus de desmayos. Era una compañera de trabajo cuya mirada lánguida y melancólica constituía su mayor defecto profesional. La palidez enfermiza que empañaba su rostro le daba cierta apariencia evanescente, desdibujada. Parecía, pues, siempre al borde del llanto o del desmayo, actividades que muy a menudo suelen ir estrechamente unidas.


Sus desmayos llegaron a ser casi legendarios. Nunca tuve el privilegio de asistir a uno en directo, tan sólo pude contemplar un amago. Recuerdo que sucedió en un pasillo. De pronto, apoyó la palma de la mano en la pared, dobló las rodillas y miró hacia el suelo como si se abriera una profunda sima bajo sus pies. Fue impresionante, aunque no terminara de perder la conciencia.


Por supuesto, los compañeros se referían a sus desmayos entre bromas y risitas que yo nunca compartí. Me parecía que Eulogia tenía todo el derecho a desmayarse como medio para reivindicar su propia existencia. Otros se ponen piercings y se decoran la piel con vistosos tatuajes para poder decir: “aquí me tenéis, he sufrido, modifico mi cuerpo según mi voluntad, soy un fashion victim.


Pero sucede que el desmayo está pasado de moda. Lo más triste es que nadie repara en sus incontestables méritos y los sacrificios que conlleva. El autocontrol y la capacidad de improvisación de Eulogia servirían de ejemplo en las escuelas de interpretación. Lo más sorprendente de los desmayos eulógicos residía en su coherencia interna.


Eulogia no se desmayaba ante las emociones fuertes o ante estímulos que la angustiaran, sino que lo hacía de forma inopinada. De este modo, ponía énfasis en lo inconsistente de la realidad y las rutinas establecidas. Nada de ello tenía sentido si la conciencia fallaba, si el cuerpo se dejaba llevar de repente por la insoportable atracción de la gravedad. Eulogia, todo un compendio de filosofía práctica.


Posted by Carlos Wieder

12 comentarios

El Androide Medidor de la Medida del Desmayo -

96 es mucho para reposo y poco para desmayo.
A ver si nos definimos, Argentinita.
Yo es por tu bien y por las leyes de la robótica y eso.

Argentinita de los Cielos Oscuros -

Yo creo que deberíamos de patentar alguna máquina que midiese el nivel de acercamiento al desmayo. O un aparatejo que calibrase las condiciones más favorables para simular un desmayo glamuroso, con los canapeses de salmón y mantequilla preparados en el velador contiguo al sofá por aquello de restablecerse bajo los efectos de un alimento con un olor muy contundente.

No sé, por ejemplo, existe el tensiómetro con moneditas que te dice hasta las pulsaciones por minuto que se tienen. Una duda: ¿96 pulsaciones por minuto en reposo no es mucho? Es que ahora tengo una cita con un futuro amante y me da que con esas pulsaciones no voy a poder desvanecerme en condiciones, porque cuando el ingenuo caballero se acerque a mi pecho para escuchar mi corazón, los latidos tum-tum le van a descolocar los pabellones auditivos.

Pues eso, analista de lipotimias y Abogado del desmayo: unan sus fuerzas y elaboren un aparatejo controla-desmayos que vuelva locos a los geeks más geeks del mundo internetero.

Kiri -

Porque tendrán la tensión baja.
O la cabeza muy gorda y no hacen contrapeso.
:-p

Carlos Wieder, lipotimianalista -

Pues tendría Vd. que ver los casos que pasan por mis manos. Auténticos artistas del desmayo que hacen hábito y costumbre de la excepción.

El Abogado en su casa y Dios en la de todos -

Está usted errado, señor Wieder.
El genuino desmayo no es una costumbre, sino una excepción. Lo saludable de los desmayos es precisamente que sean excepción, pues son las criaturas que se relajan lo suficiente como para permitirse un desmayo de vez en cuando, las que se lo pasan bien.
Pruebe vuesa merced a desmayarse, por ejemplo, el primer día de trabajo después de las vacaciones. Verá cómo nota el acompasado fluir de un torrente de endorfinas por sus venas.

En todo caso, no olvide el casco.
O bien olvídelo, si es que quiere olvidar también todo lo demás.

Nota.- este consejo profesional no es gratuito. Puntualmente llegará a su domicilio la minuta por mis servicios, con el membrete (uy...) de mi firma: God&Devil Associates.

Siempre a su servicio.

Carlos Wieder, lipotimianalista -

El pavo bilbaíno viviría mejor desmayándose, por supuesto. Así no se dejaría la pasta en lugares tan propensos a la disipación moral. Eso, por lo menos. Y no nadaría en la mierda, sino en una piscina climatizada, haría muchos largos y desarrollaría sus pectorales. Le iría bien recuperar la sana costumbre del desmayo.

El Abogado del Desmayo -

Desde las alturas de mi prepotencia, afirmo: el placer es mío, Argentinita de los Cielos Oscuros.

Argentinita de los Cielos Oscuros -

Es todo un placer para nosotros, Abogado del Desmayo, que tengas a bien el brindarnos, cual ejemplos de la vida misma, algunas de lasa historias que como profesional del derecho que eres, conoces de primera mano.

Tu amigo no sabe todavía dónde se ha metido porque nadar en la mierda no es demasiado gratificante: no se trata de que uno luego huela mal, no. Más bien es cosa de los distintos niveles de consistencia que puede adquirir la susodicha una vez es expelida por el ano. Si come verduras y frutas, la cosa irá medianamente bien, pero si es de los que se jartan a darle a los fritos y las carnes adobadas, la cosa seguramente le resultará complicada.

Y voy a desmayarme un poquito porque a estas alturas ya no sé ni por dónde va mi razonamiento más racional.

Venga, que me desmayo:

¡¡¡¡Plafffff!!!!

Si me hubiese visto Eulogia seguramente habría venido corriendo hasta mí para cachetearme a base de bien. Aviso, y el que avisa no es traidor: al que se atreva a abofetearme para hacerme recuperar la consciencia una vez yo ya me haya desmayado, le auguro un futuro muy oscuro, pero que muy oscuro.

Abo -

LLegado el momento, no reprimáis las ganas.
Algunos desmayos son puertas a otra dimensión.
;-)

El Abogado del Desmayo -

(Táchese el de arriba, que el de abajo mola más)

Decía, hijos míos, que las ganas de desmayarse uno son muy sanas, siempre que no se abuse,claro está; que los extremos marean lo suyo
Y en fin, ahora, unos años depués, mi colega bilbaíno nada en la lógica mierda consecuente a su decisión.
Come como un cerdo, fuma como dos cerdos y bebe como tres cerdos. Se queja siempre, a todas horas, hasta hartar al más paciente de los mortales. Se queja de su mala suerte, (¿qué mala suerte,tío, si estás forrado?)y de la injusticia general con que le trata la vida (¿?¿?¿?).
Se deja una pasta gansa en los puticlubs, porque allí, como cobran, pues le aguantan un rato. Siempre que no se pase de rosca, claro.Su mujer no le soporta - coño, cómo le va a soportar - , y muchos sospechamos que aguarda el momento adecuado para mandarle a tomar por culo y buscarse a alguien que sí se desmaye alguna vez, aunque sea de vez en cuando.
Esto, ¿decía yo que nada en la mierda? Qué va. Acaba de zambullirse en ella. Le quedan toneladas, mares de mierda por delante.
Mejor le iría si aflojara un poquillo y se desmayara un par de veces al año, ¿no?

Soy el Abogado del Desmayo.

Sé que llegaréis a amarme con locura, hasta el desmayo incluso.

El Abogado del Desmayo -

Pues veréis, niños y niñas:

conozco yo a un pavo (de Bilbao por más señas) que, en cierto momento de su vida, se acojonó y decidió no desmayarse más.
Se acojonó incluso siendo de Bilbao, las cosas de la vida.
El caso es que se pegó un chute de hiper-macho-racional-fortaleza porque,"¡ay, ay, ña, ña, cómo duele, cómo sufro cuando sufro, ay mamá, que yo no me quiero lipotimizar, que es que soy tan ñoño, digo tan machote, ay, ña!".
En fin, que tomó la decisión de reprimir para siempre las ganas de desmayarse...

El abogado del Desmayo -

Pues veréis, niños y niñas. Conozco a un pavo (de Bilbao por más señas) que, en cierto momento de su vida, se acojonó y decidió no desmayarse más.
Se acojonó incluso siendo de Bilbao, las cosas de la vida.
El caso es que se pegó un chute de hiper-macho-racional-fortaleza porque,"¡ay, ay, ña, ña, cómo duele, cómo sufro cuando sufro, ay mamá, que yo no me quiero lipotimizar, que es que soy tan ñoño, digo tan machote, ay, ña!".
En fin, que tomó la decisión de reprimir para siempre las ganas de desmayarse...