Declaración de principios lipotímicos
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida. Toda mujer romántica que se precie debe sufrir como mínimo una lipotimia al día, además de emplear corsé -o en su defecto, faja-, llevar los cabellos rizados a base de tirabuzones y suspirar una vez cada tres minutos o incluso cada dos. Por supuesto, se ha de escenificar un desvanecimiento diario para que los que te rodean sepan que eres una dama muy sensible y que todo te afecta, hasta el más leve gemido de un niño.
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
¿Por qué se ha perdido el desmayo y ya nadie lo nombra y ni siquiera amaga con desmayarse? ¿Es acaso ahora un motivo de vergüenza? ¿Se desmayan las damas clandestinamente ante el ordenador cuando leen los poemas que les regala su amado o en su lugar, de la emoción, dan un escupitajo ladeado y farfullan alguna obscenidad? ¿Por qué el desmayo es un tabú en internet?
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Nada hay más puro, hermoso y sensible que una bella dama desmayada de amor. No importa que el desvanecimiento sea fingido -tampoco nos vamos a poner exigentes- y que el amor de turno, aquel por el que se moría, pueda ser sustituido en un par de semanas por otro más factible con apartamento en Torremolinos, partida de mus los domingos y medallita del Cristo de Medinaceli sobre el pecho. Lo importante es desmayarse mucho y bien, con garbo y estilo, haciendo de la pérdida de consciencia una auténtica profesión.
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Muy sufrida es la vida de la desmayadora profesional. No es lo mismo que ser plañidera, por ejemplo. Ser plañidera sirve para ahorrarte la sesión con el psicólogo de turno, que tal y como están las tarifas actualmente, te sopla 50 euros del ala por llorar a moco tendido durante 45 minutos y se queda tan fresco. Por lo que ser plañidera profesional tiene sus compensaciones. Pero... ser desmayadora profesional da pocas alegrías al cuerpo, salvo que a una le guste que le estén restregando continuamente bajo sus napias, dosis de amoniaco concentrado. Entonces sí que tiene su aquel ejercer la profesión de desvanecimientos al tun-tun. Claro que, así como el llorar, ya sea de gratis o pagando, lo único que conlleva es que se corra el rimmel -además del antiéstético moqueo-, el desmayo es de lo más glamouroso, ya que incluso se pueden ensayar diversas posturas insinuantes con total inocencia para calentar* al sujeto pretendido (*ejem, ese verbo no es el más adecuado, digamos enamorar) sin que éste pobre note la intencionalidad.
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Pero en el sufrimiento de la profesión de desmayadora está el mayor de los placeres. Sí, placer, un inmenso placer, además de las ventajas que se obtienen consiguiendo la atención del caballero de turno. Ése es el secreto del desmayo: mejor que un orgasmo, garantizado, y además sin jadeos, sudores ni líquidos varios que dejen las sábanas hechas un asco.
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Como firmes defensores del desmayo, los abajo firmantes hemos decidido crear esta bitácora con el fin de orientar a las futuras desmayadoras profesionales en su elección y ofrecerles diversas modalidades y estilos que se adapten a sus circunstancias. También actuaremos de forma altruista dispensando sales en las bitácoras en las que las románticas damiselas estén a punto de desmayarse o estén ya desmayadas, con el fin de que vuelvan en sí de la forma más glamourosa y delicada.
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Entren y desmáyense a gusto. Pasen y escojan los desmayos con los que se sientan más identificados: desmayos fingidos, reales, lipotimias, bajadas de tensión, desmayos literarios, de conveniencia, acordados, histriónicos, hipocondríacos...
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Orgásmense con los desmayos todo lo que puedan, pero, por favor, háganlo con glamour. Indispensable el glamour, queridas, diría Elena Francis, nuestra añorada.
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
¡¡¡¡Pllllllaaaaffffff!!!!*
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
*(Onomatopeya. Desmayo glamouroso colectivo para celebrarlo)
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Escrito por los Lipotímicos creadores.
¿Ya nadie se desmaya? No puede ser posible. Los desmayos son una parte fundamental de la vida.
Pdta. Aunque el texto va dirigido, en principio, a las mujeres con cierta añoranza romanticona, en el momento en el que veamos a algún hombre al borde del precipicio lipotímico, sin duda alguna, lo ayudaremos a que se deje caer. Para algo se ha puesto de moda la metrosexualidad y, por descontado, pertenecemos a esa clase de gente que, en el mundo bitacoril, lo observa todo a través del prisma de lo políticamente correcto...